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13 Nov

Un joven y exitoso ejecutivo

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Paseaba a toda velocidad sin ninguna precaución, en su nuevo auto deportivo. De repente, sintió un estruendoso golpe en la puerta, se detuvo y, al bajarse, vio que un ladrillo había estropeado su lujoso auto. Vio a un chiquillo y lo agarro por los brazos y empujándolo hacia su auto le gritó: Es un auto nuevo y ese ladrillo que lanzaste va a costarte muy caro. ¿Por qué hiciste eso? Lo siento mucho señor. "Le lance el ladrillo porque nadie se detenía". "Es mi hermano, se descarriló su silla de ruedas, se cayó al suelo y no puedo levantarlo". ¿Puede usted, por favor, ayudarme a sentarlo en su silla? Está golpeado y pesa mucho para mi sólito. El ejecutivo se tragó el grueso nudo que se le formó en su garganta. Emocionado por lo que acababa de pasar, levantó al joven del suelo, lo sentó nuevamente en su silla y sacó su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortaduras del hermano de aquel chiquillo tan especial. Luego de verificar que se encontraba bien, miró al chiquillo, y este le dio las gracias con una gran sonrisa indescriptible. "Dios lo bendiga señor, y muchas gracias", le dijo. El hombre vio como se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano. El ejecutivo no reparo la puerta del auto, manteniendo la hendidura que le hizo el ladrillazo, para recordarle que no debe ir por la vida tan distraído y tan deprisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención.
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